No somos personajes, somos historias
-No somos personajes, somos historias-. Me encontré esta frase leyendo la novela de Alessandro Baricco titulada Mr. Gwyn. Desde el primer momento llamó poderosamente mi atención.
Despertó en mí el deseo de compartir en unas líneas lo que creo que pudiese ser mi visión humanista-existencialista del ser humano, del ser persona.
Cada vez me encuentro con mayor frecuencia con aquellos profesionales de la salud mental (psicólogos, psiquiatras) que creen que la persona es un "padecimiento", un "trastorno corporificado" y no tienen recelo en compartirles a sus consultantes sus impresiones y diagnósticos siempre teñidos de una visión médica, mecanicista e insensible (muchas de las veces).
"Usted padece depresión", "ansiedad", "bipolaridad", "usted es borderline". Estás y otras afirmaciones son etiquetadas en las personas que acuden a algún servicio de salud mental; y como es de esperarse, los pacientes y/o consultantes adoptan inmediatamente esas etiquetas diagnósticas venidas claro, del especialista.
Me gusta pensarme como una persona que atraviesa -al igual que mis pacientes- por experiencias ansiosas (y quién no se experimenta así en estos tiempos), depresivas, que está cruzando por algún momento de duelo (porque no sólo se vive el duelo cuando alguien muere), que tiene preguntas sobre quién es y cómo relacionarse con ciertos temas y/o personas. En otras palabras, no somos personajes de una gran obra de teatro que están actuando un personaje que alguien más les otorgó y les dio un guión para actuarlo al "pie de la letra".
Hay una historia detrás de una experiencia ansiosa; muchas de las veces nos angustiamos por lo que vendrá el día de mañana, o hemos vivido situaciones difíciles y tenemos miedo de que vuelvan a ocurrir y acudimos -buscando querer evitar el desastre que imaginamos- al "control"; lo hacemos a través de prever situaciones conflictivas, evitar los contactos interpersonales desagradables, huyendo de lugares donde se encuentran muchas personas, buscando estar ocupados todo el tiempo para "no pensar". Es decir, estamos buscando el solucionar ésto que nos sucede con las herramientas que tenemos a la mano.
Llámesele como se le llame a eso que nos pasa, viene enmarcado por un contexto, por una relación. La psicoterapia Gestalt (enfoque psicoterapéutico en el cual estoy formado) toma como premisas para entender al ser humano y lo que a éste le acontece el saber que somos seres HOLÍSTICOS y RELACIONALES.
Esto quiere decir que SIEMPRE ESTAMOS EN RELACIÓN, en un contexto, estamos inmersos en el mundo-con-otros. Por tanto, lo que nos acontece, tiene su impacto en TODO NUESTRO SER. Esto es, cuando estoy contento (a), triste, ansioso, depresivo, es porque "algo" me ocurre y seguramente, tiene que ver con "alguien o algo" con lo que me estoy relacionando y por tanto, me afecta no sólo emocionalmente, sino también orgánicamente, físicamente, intelectualmente, espiritualmente.
Con todo esto, no quiero decir que no sean necesarias los diagnósticos; sino que, distinguir si a mi paciente y/o consultante le ayuda el comunicarle el diagnóstico o es mejor reservarla a otro profesional (si es el caso) para su tratamiento y/o seguimiento.
Por tanto, toca el recordar que NO SOMOS PERSONAJES que estamos actuando un papel (y si así lo experimentas en este momento, busca alejar lo más lejos de ti la máscara y/o etiquetas impuestas por otros y formar tu propia voz).
Busquemos profesionales y personas que tomen en cuenta nuestras historias y que no seamos una etiqueta o un "cuadro de síntomas" que "cuadre" con su manual.

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