De las heridas de la infancia a la formación de la pareja (Parte 1)

 "Cobramos nuestras heridas infantiles a la pareja"


Ya mucho se ha escrito sobre heridas infantiles y su impacto en las relaciones adultas. Sin embargo, pareciera que el "éxito" de una pareja no depende de la información que sus integrantes puedan o no tener sobre sus heridas infantiles o las "10 actitudes más exitosas para estar  en pareja" que se pueden leer en revistas comerciales.

Tal vez, lo que favorece a que una pareja sea -pareja- y no -dispareja- es el hacerse cargo individualmente, de las heridas con las que cada uno de sus integrantes se vinculan con ese -otro- diferente. 

Revisando en bibliografía especializada y no especializada sobre el tema, tomo consciencia que la intención o necesidad (tal vez ambas) de conocer cómo soy, qué herida tengo, qué hacer para cambiar mi comportamiento o el de mi pareja, cómo predecir si con la persona que estoy saliendo o viviendo es la correcta, o no; son temas muy rentables y por tanto, se les invierte grandes cantidades de energía y de estudio. 

Sin embargo, mi intención con esta breve reflexión es el invitarte lector a que sopeses por un momento la idea de que para poder sobrevivir en el mundo en donde nos ha tocado vivir y con quienes la vida nos ha permitido desarrollarnos, ha sido necesario llevar a cabo conductas muy específicas, formarnos de creencias respecto a lo que es bueno o no para nosotros, tomar decisiones que si bien pueden favorecernos a nosotros, tal vez a otros no. Por tanto, el vincularme con un -otro- probando el ser pareja no es cosa sencilla.

Cuando formamos una relación de pareja llegamos a ella con un cúmulo de experiencias y creencias respecto a lo que significa serlo. Muchas veces el error consiste en pensar que el otro posee las mismas creencias y querrá lo mismo que yo quiero, pensará y deseará como yo. ¡Oh desilusión! Porque la realidad se impone, y no pasa mucho tiempo cuando me percato que el otro no piensa, siente ni desea como yo (sí, sé que soy un pesimista de lo peor). 

En muchas ocasiones este hecho favorece la madurez de la persona y la pareja como tal. Otras tantas, es sinónimo de conflicto, de sufrimiento e incluso, de rompimiento. ¿Qué es lo que ocurre? ¿por qué el príncipe azul se convierte en sapo? o ¿la princesa en bruja? 

Existen múltiples factores desde luego que favorecen el que una pareja evolucione o no. Hoy quiero nombrar las heridas experimentas en la infancia. Lise Borbeau y Anamar Orihuela hablan sobre 5 heridas principales que lastiman nuestro ser adulto y por tanto, nuestras relaciones interpersonales, en especial, la pareja. 

Rechazo, Abandono, Humillación, Traición e Injusticia. Son experiencias primeramente que lastiman nuestro Self en desarrollo y que, dejan huella en nuestro modo de ser-en-el-mundo y por tanto, nuestra forma de estar-en-pareja.

Lo que tienen en común las cinco heridas es que parten de experiencias en las que nuestro Self (o Yo) estaba necesitado de aceptación, de confianza, de amor incondicional, de reconocimiento y no fue proporcionado por las personas que se supone deberían darlo. Ocasionando el que vayamos buscando el relacionarnos con otros, cuidando no exponer nuestras heridas; para ello, usamos máscaras. Jugamos a ser los "exitosos", los "sexis", los "fríos", los "tontos", los "desapegados", los "necesitados de amor y cariño". Sin embargo, basta con acercarnos un poquito y nos damos cuenta de la soledad, el vacío,  el rechazo o la ira con la que se está viviendo. 

Hasta aquí por el momento querido lector. La invitación en este primer momento, no es a que te identifiques con alguna herida de las mencionadas (o peor aún, a diagnosticar a tu pareja) eso vendrá después con la descripción y reflexión que surja de seguir leyendo las heridas una a una; por ahora toca preguntarte ¿qué es lo que esperas de tu pareja? y eso que esperas ¿es algo que tú te regalas a ti mismo (a)?   





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